La iluminación es uno de los elementos más importantes de la seguridad activa del automóvil. Como todo, ha evolucionado mucho a lo largo de los años. Aquí te mostramos su historia, sus tipos y algunos trucos para sacarle el mayor partido a los faros de tu coche.

Siempre sorprende la poca atención que la mayoría de los conductores presta a algo tan importante como es el alumbrado de su coche. Ya sabes, la típica frase de «ver y ser vistos«: de eso se trata. Sin embargo, es frecuente encontrarse con automovilistas que no encienden las luces cuando hay niebla (o encienden las de niebla traseras, que molestan muchísimo, cuando no toca), que llevan las luces mal reguladas o fundidas… Lo más frustrante es que es uno de los elementos más sencillos de mantener y que más agradecerán nuestros ojos y los demás conductores; veamos cómo.

¿Qué revisar en los faros del coche?

En el alumbrado de nuestro coche sólo tenemos dos cosas a las que prestar atención: que no haya lámparas fundidas y que los faros estén bien regulados en altura. Unos faros mal regulados provocan deslumbramientos: veremos mal la carretera y correremos el riesgo de que alguno de los conductores deslumbrados choque contra nosotros.

¿Cómo usar las luces?

Los faros se deben encender antes de que se ponga el sol y no apagarse hasta después de que haya amanecido. Cuando el «astro rey» está bajo, los que conducen con él de cara no nos ven si llevamos las luces apagadas. Con niebla o con lluvia, hay que conectarlos aunque sea de día.

Las luces de niebla delanteras se encienden independientemente de las traseras. Esto es así porque el uso de la luz trasera de niebla es mucho más restringido que el de las delanteras, ya que molesta más. Mientras que la luz de niebla delantera se puede emplear sin niebla en carreteras estrechas y viradas (es más, muchos coches utilizan los faros de niebla como luces direccionales), la trasera sólo se debe encender con niebla espesa o en condiciones de visibilidad muy reducida, ya que deslumbra mucho a los coches que nos siguen.

Evolución de los faros: de la mecha al LED

En la historia del automóvil han existido dos hitos que han supuesto una evolución espectacular en la cantidad de luz disponible: la implantación de la luz eléctrica y la paulatina desaparición de la lámpara de incandescencia en favor de las de descarga de gas y LED. Aquí, el orden cronológico coincide con el aumento en la calidad de la luz.

Lámparas de aceite. Los primeros faros eran una herencia directa de los faroles de los carruajes de caballos. Se trataba de candiles de petróleo con una mecha empapada en petróleo o en alcohol, cuya llama, al arder, proyectaba la luz mediante un reflector. Dicha luz era muy anaranjada y débil.

Lámparas de carburo. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los coches empezaron a incorporar un generador de acetileno. Se trataba de una especie de olla exprés en la que se metían unas piedras de carburo y un gotero. Cuando querías luz, abrías el gotero y, al caer el agua sobre el carburo, desprendía un gas. Éste se llevaba por unas tuberías hacia el faro, donde se quemaba. La llama que se producía era muy blanca y luminosa, por  lo que la mejoría respecto a las de aceite era considerable.

Lámparas de incandescencia. Empezaron a generalizarse en la segunda década del siglo XX. Una bombilla con filamento de tungsteno produce la luz; su funcionamiento es mucho más cómodo y seguro que los anteriores.

Lámparas halógenas. Suponen un aumento enorme en la capacidad lumínica de la bombilla y en su duración. En lugar de un filamento rodeado de vacío, el interior de la lámpara contiene un gas halógeno que permite que dicho filamento alcance más temperatura sin fundirse, incrementando la luz que emite y la duración de la misma.

Lámparas de descarga de gas. En lugar de un filamento al rojo vivo, la luz es producida por un cuarto estado de la materia (sólido, líquido y gas ya los conocemos todos), llamado plasma. La incandescencia de la lámpara está provocada por el paso de una elevada diferencia de potencial en los extremos de la misma. Una vez el plasma empieza a emitir luz, mantenerla apenas requiere energía. Así son las lámparas de xenón: consumen menos y emiten mucha más cantidad de luz. Esto hace que sean peligrosas por deslumbramiento, por ello, van siempre acompañadas de un sistema de control de altura automático. La legislación también obliga a montar lavafaros, ya que se calientan menos y la nieve se puede acumular delante del faro (al contrario que las halógenas, que la derriten). El lavafaros permite mantener la óptica libre de nieve o hielo.

Lámparas de LED. Son las de última generación. La luz es emitida por diodos luminosos y es similar a la de las lámparas de descarga de gas, pero tiene varias ventajas. La primera de ellas es que su encendido es instantáneo. La segunda es que el faro puede estar compuesto por varios módulos matriciales, de modo que cada uno de ellos puede proporcionar varios puntos de luz que iluminan zonas concretas de la carretera, como en el sistema Matrix de Opel y Audi

Actualmente, se están desarrollando los LED de segunda generación, en los que el semiconductor que forma el diodo es de origen orgánico, en lugar de mineral. Son los llamados OLED.